2/21/2011

CUATRO

                                                    
Tuve estas mascotas o acceso a estos animales mientras iba creciendo.
De niño, tras el divorcio de mis padres mi mama, mi hermana menor y yo, nos fuimos a vivir a Cerritos; un pueblo del estado de San Luis Potosí.
Vivíamos en la casa de mis abuelos maternos, que era un casco de hacienda, que tenía un extenso terreno, donde había una cancha de frontón, un patio interior que de ser jardín se transformó en una plazoleta con fuente en medio, una enorme troje, una cochera donde había camionetas, tractores, sembradoras, rastras y demás utensilios para la agricultura.
También había un jardín exterior con muchas plantas; un bambú enorme, buganvilias y diversos árboles frutales y una hectárea de tierra cosechable que siempre se estaba trabajando y se convertía en jungla de girasoles, maíz calabazas y donde yo me escondía o jugaba con mis primos.
Por la casa pasaron en diversos tiempos muchos tipos de animales; gallinas, conejos, caballos y la casa tenía un gato que se llamaba titico al que mi primo Rafa torturaba en las vacaciones que se pasaba con los abuelos ya sea sumergiéndolo en agua, encerrándolo en un cajón y demás diabluras que hacían que el pobre gato se la pasara escondido todos los periodos vacacionales y que dio lugar a una anécdota muy chistosa que tal vez salga a colación en esta serie de preguntas o anécdotas autobiográficas.
Ninguno de estos animales llamo mi atención más allá de la inicial curiosidad infantil, que desaparecía con los días, hasta que llego Rockie.
Rockie era un perro que trajo mi tío Manuel (Q.E.P.D.) a la casa de mis abuelos,  con la firme intención de No dejarlo ahí de acuerdo a las advertencias de mi abuela Beatrice, pero consiguió que se le diera hospedaje por unas semanitas mientras veía a quien regalárselo, semanitas que se convirtieron en 17 años.
Era un perro peculiar mezcla de Collie con algo enorme, mi teoría es que con un Alaska Malamuth porque era más o menos de ese tamaño, de color amarillo y blanco, no el amarillo pardo o café típico de los Collies, sino un amarillo brillante propio de los pollitos que te regalan en la feria, el tamaño de un mastín con colmillos de 4 cm según mis cálculos y unos enormes y expresivos ojos verdes que ya quisiera John Travolta.
Llego como un cachorro de tres meses, y tres meses me tuvo sobre la cama por miedo a que me mordiera ya que como todo cachorro era juguetón, brusco y escandaloso.
Cuando ya nos hicimos cuates me acuerdo que se lo ensene a mi amigo Guada, y este se asustó al verlo y corrió alrededor de la meza de troncos de mezquite de mi abuelo y el perro juguetón le dio una mordidita que casi lo convierte en Guada el Eunuco, leve leve, solo lloro un poquito, jejeje.
Nunca mordió a un humano, nunca que yo sepa, a Guada le dio un lleguesin de cachorro pero ni sangre le saco ni le rompió el pantalón, es  más yo ni le creía, hasta que lloro y ver llorar a Guada era cosa seria, solo me acuerdo de verlo llorar otra vez cuando se llevó mi Bimex bicicrós nuevecita a su rancho y no pudo llegar pues se agotó a la mitad del enlodado camino y su hermano Gerardo tuvo que atar la bici-cross último modelo a su potentísima bicicleta lechera y arrastrarlo conmigo sentado en la parrilla hasta Derramaderos, ese Gerardito era más fuerte que Lanz Armstrong y sin esteroides, ah! Y otra vez que lo madreo su hermana Francisca por andar de contestón.
Rocky fue creciendo y se volvió un monstro de 90 kilos, al que mi abuela intentaba infructuosamente dar de comer huesos de la carnicería cerritense, los cuales ni pelaba y no lo culpo porque olían bien gacho, cosa que frustraba a mi abuela y hacían que le dijera linduras como “perro cabron” a ver dónde tragas, y demás monadas, pero misteriosa e inexplicablemente el perro, crecía a velocidad vertiginosa, misterio resuelto cuando los vecinos iban a quejarse con mi abuela de que el perro se devoraba a sus gallinas, conejos, gatos  y cualquier otra criatura que gustase a su fino paladar.
Como ya dije, que yo sepa nunca mordió a nadie, pero en los pueblos hay bandas peligrosísimas de perros que pesaban la mitad que él y lo odiaban por ser guapo, y en sus primeros meses le ponían unas santas madrizas que tenía yo que ponerle violeta de genciana para que se alivianara el pobre, pero así como la letra dicen que con sangre entra, pues a madrazos el perrito desarrollo una técnica defensiva ofensiva muy eficiente que lo convirtió en un perro temido y después líder de la banda de perros locos cerritenses, dicha técnica consistía en:
Al inicio del combate 5 o más perros se abalanzaban sobre el ensenando sus colmillos y gruñendo amenazadores, Rocky corría fingiendo huir y los perros lo perseguían, pero a media corrida, giraba y pescaba al perro más próximo y en esos segundo lo hacía pedazos, después volvía a correr y así sucesivamente, créame amigos que yo vi con estos ojos que los gusanos se han de comer que lo vi dejar muy mal a unos cuantos canes que se querían manchar, y alguna vez incluso lisio para siempre a uno, pero ganamos el juicio porque pudimos comprobar que lo hizo en defensa propia y salió en libertad condicional porque hizo un trato con la Presidencia Municipal, y se declaró culpable de lesiones simples.
Mañana segunda parte…

Guau!! Osea adiós en perro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ni me acordaba del Rocky...Que bonito es recordar...oye y el Guada que sabes de el? (Freddiech)

mayda dijo...

esta super chido escribe la segunda parte

my heart is bloding cause i love dijo...

mmmm orale fascinante y q guapo a de haber estado como para q ese travolta pudiera querer los ojazos...jajaja y sobre todo m encanto esas semanitas nadamas 17 añitos casi nada, y lo d la tecnica defenciva ofenciva eficiente..muy bien q padre... uy admas q padre vivir en un lugar asi.